Invisible

LOS PROBLEMAS COMENZABAN TRAS EL REGRESO, al abrir la maleta en la que un par de días antes había colocado sus mejores camisas para acudir a otro congreso. A veces, antes de meterlas con desgana en la lavadora, las olía y se quedaba mirando a través de la ventana, perdido. Luego dejaba el bolso de aseo sobre la repisa del lavabo, los apuntes en la mesa del salón y un paquetito envuelto en papel brillante bajo la almohada.
A Carolina le encantaban las sorpresas, y lo abriría como una niña pensando en lo afortunada que era. Julián, cansado, le daría un beso y se quejaría de los viajes cada vez más frecuentes. Siempre igual, tirando de una maleta que cada vez pesaba más. Se dejaría caer sobre el sillón recorriendo con la vista los recuerdos amontonados sobre las estanterías antes de cerrar los ojos.
Un día apenas pudo subir con ella las escaleras. Se sentó en el rellano para coger aire y al llegar a la puerta probó con todas las llaves porque no lograba abrirla. Miró el descansillo, las otras puertas, el felpudo: todo estaba como antes, pero su llave no abría.
Llamó a Carolina, pero no lo cogió. Entonces marcó el número de su empresa. La secretaria le dijo que ya había confirmado su asistencia al único congreso anual que se celebraba fuera de Madrid y le tranquilizó, porque también había dejado aviso en su casa.
1 comentarios:
Hola Ana, que bueno pasar y ver tu blog activo, no sabía si lo habías dejado o estabas haciendo cambios...
Con tu permiso voy a leerte, que en esta ocasión me he puesto a comentarte antes de engullir tus letras...
Bss
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