15 abril 2008

Adicciones


Según el diccionario, adicción es un hábito en el que nos dejamos dominar por algo.

Pues bien, yo, propensa a ellas hasta el extremo, intento no aficionarme a nada que se pueda convertir en obsesión.

De algunas logré escabullirme durante un tiempo, como la del tabaco, pero la vuelta superó con creces mis expectactivas y creo que no moriré con los pulmones limpios precisamente.

El café me apasiona. Decidí que mientras no le afectara a mis nervios, no había razón alguna para abandonar un hábito tan agradable. Y si es compartido, mejor que mejor, como casi todo. Así que, de momento, la cafeína y yo nos llevamos razonablemente bien.

Otras menores, como la aficción a comprar cuadernos, pronto fue compartida por gente que me los iba regalando. Pese a ser consciente de que podría rellenar páginas durante toda mi vida sin llegar a terminarlos, sólo suponía un pequeño problema de espacio en la estantería, y decidí resolverlo quitando otras cosas que carecen de utilidad. Como no soy de llenar la casa de figuritas, pues sigo coleccionándolos, de todos los formatos, esperando que algún día se los quiera llevar alguien que me quiera.

También me gusta recorrer lo que yo llamo “librerías de viejo”, esas enormes en las que puedes charlar con el dueño durante mucho rato sin temor a molestarle, preguntar por títulos, por temas, por cualquier cosa. Compartir. Aunque no te acuerdes del autor. Me recorrí Madrid entero pateándolas. Tuve, eso sí, que ser estricta con mis horarios para que mi ocio no afectara a mis obligaciones. Sigo haciéndolo, aunque menos de lo que me gustaría.

Y Cafés, de esos que aún huelen a Historia. De los que te sientas a leer o a charlar y se te pasa la tarde sin darte cuenta. Yo, que hablo por los codos, encontré en ellos el lugar ideal para quedar. Me quitaron uno de mis preferidos, el Café del Foro, del que guardo estupendos recuerdos, pero por suerte, aún quedan muchos otros a los que seguir siendo fiel antes de cambiar al Starbucks o al Vips. Malasaña, Huertas, Bilbao, Atocha…

En mi adolescencia, cuando mis amigos y mis hermanos se divertían con el cubo de Rubik y con el Tetris, yo prefería pasar la tarde con un libro, convencida de que, de otra manera, terminaría desvelada pensando cómo hacer la primera cara y la corona del cubo o ensamblando en mi cabeza piezas de colores que iban cayendo cada vez más deprisa.

Así, sin darme cuenta, y gracias a la enorme biblioteca que había en casa, adquirí un estupendo hábito de lectura y fui devorando todo tipo de títulos, desde Las Aventuras de Los Cinco al Principito, pasando por el Super Pop o el Vale, claro. Facturas de la adolescencia.

Después vino la escritura. Desde que recuerdo, me gustaba hacer mis pinitos sobre el papel, y, al ser la única de cinco hermanos a la que no se le daba bien dibujar, opté por las letras.
Una mañana, durante el café que comparto con quien se anime a madrugar, le enseñé a mi hermana un recorte de la revista Metrópoli en la que anunciaban cursos de escritura creativa. No me costó mucho convencerla, así que nos apuntamos y comenzó una verdadera pasión escondida al comprobar que otras personas, aparentemente normales como nosotras, compartían la misma afición y las mismas ganas de aprender.

Una cosa llevó a la otra, pero debo reconocer que desde aquella mañana, cambió de alguna manera nuestra vida.

Mi primer curso fue de escritura creativa, con Nacho Ayerbe como profesor (excelente, por cierto). Nos recomendó un libro de Enrique Paez que se convirtió en mi amuleto. De Nacho aprendí mucho más como persona que de las letras, aunque nunca olvidaré que la palabra “onírico” chirría en un relato de fantasía y que los eróticos es mejor no dejárselos leer a ningún conocido. Cenas con la excusa de charlas literarias, “quedadas” para conocernos todos, risas, amigos, recuerdos, chapulines…y la sensación de haber encontrado un hueco que, antes de conocerlo, estaba esperándome.

Algún tiempo después, y pese a que me resistía a hacerlo por la facilidad que ya he explicado a las adicciones, entré en el mundo de los blogs. Intenté que fuera desde detrás de la barrera, primero, observando, luego, atreviéndome con alguna entrada, poquito a poco, sin grandes pretensiones, aunque algunas direcciones de otros blogs me engancharon y entraba de puntillas a leerlos a diario.

Las oposiciones no lograron el mismo efecto, a pesar de mi razón escondida para quitármelas de encima, e intenté compaginarlas con otras obligaciones y aficciones.

Y luego, mi mayor adicción, ésa que lleva enredada en mi almohada tantos años y que, lejos de hacerme daño, me sirve de bálsamo cada día, me recuerda dónde estoy y me hace no perder el Norte.

El resultado más que obvio de todo esto para mí, que no conozco el significado de la palabra estrés, ni depresión, y que no he comenzado a perder el pelo a mechones ni me olvido aún de las horas de las comidas o de los deberes de mis hijos, es la sensación de que al día le faltan horas y de que no llego a ningún sitio.

Y aquí estoy, enredada, apurando un ratillo antes de subir al colegio, para hacer algo que me gusta y que me hace sonreir. Ojalá el día no fuera tan corto para dejarme dominar para más cosas, para seguir aprendiendo. Para continuar coleccionando adicciones.

6 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

este tampoco es autobiográfico?.., pues quién lo diría, yo debo estar en eso que dices que no se pueden dar a leer los relatos eróticos a los conocidos no?

16 de abril de 2008, 11:19  
Blogger Eva ha dicho...

Me quedo envelesada leyéndote, Jimena, eres como un imán. Qué pena que no podamos alargar los días, verdad? Pero... quien dice que sólo tengan 24 horas?

Un beso, hermosa.

16 de abril de 2008, 15:25  
Blogger Eva ha dicho...

EMBELESADA, EMBELESADA, EMBELESADA.... aaaaaargggg puto teclado.

16 de abril de 2008, 15:26  
Blogger carambolista ha dicho...

Jimena... estoy de acuerdo con Eva, me quedé hipnotizada con tus palabras... y creo que tienes razón, tenemos muchos gustos/adicciones en común.

Me llama la atención lo del taller de escritura creativa... ¿qué libro es ese de Enrique Páez?

Me gustó mucho tu comentario en mi blog, me hizo irme a la cama sonriente.

Un beso

16 de abril de 2008, 15:35  
Blogger Ana ha dicho...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

16 de abril de 2008, 16:42  
Blogger Eva ha dicho...

Me apunto el libro yo también. Gracias, guapa.

16 de abril de 2008, 20:16  

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