08 marzo 2010

Abre los ojos

(Esta semana tocaba escribir un monólogo. Se me ocurrió la idea, intenté escribirla desde el punto de vista de una madre y no pude. A veces los ejercicios sacan nuestros miedos o nuestra esperanza, supongo. Y esto es lo que hay. Solo un ejercicio, un monólogo...)


Han dicho un momento, vale. Puedo estar aquí los momentos que quieran, pero no voy a decirles lo que quieren oír. Esto es un error, coño.


Tú no eres mi hijo y no lo vas a ser por más que se empeñen esos médicos que te han colgado una etiqueta en el pie. Valientes cabrones, andar sin ojo llamando a cualquiera.


La culpa es mía, que siempre ando sacándole las castañas del fuego, y desde que se ha juntado con esa calaña, peor. Cuando no es para darle pasta, es para sacarle del trullo o para poner la cara delante de otros. Joer, en mi vida he pedido tantos favores para nadie, pero claro, un papá con contactos le viene bien a cualquiera. No sé a qué coño te estoy contando esto, bastante te importa donde estás. Tú qué sabrás de recurrir a nadie.


Tú no eres mi hijo y punto. Él me habría llamado, sabe que puede contar conmigo aunque luego le dé la chapa sobre las cosas importantes de la vida. Y en el fondo solo lo hago para sentirme mejor, para lavarme la conciencia y convencerme de que he hecho lo correcto. Como si yo supiera qué es lo correcto. Lo cómodo, eso es lo que he hecho siempre, quitarle el problema para no ver lo que hay detrás. Presumo con mis colegas de hijos perfectos y ni siquiera sé las cosas que les gustan.


Tú no eres mi hijo, joer. No hace falta más que verte. Borja está enfermo, sí, pero se va a curar en cuanto se aparte de las malas compañías. Además, él no tiene tu cara de cera ni se ve tan flaco.

Que no, coño, que no eres mi hijo. Seguro que te han pintado el lunar de la barbilla. Lo habrán visto en su foto y si cuela, a otra cosa. Pues no, por ahí no paso, fíjate.


Me han hecho venir para nada. Borja no me habría sacado a estas horas del despacho, con las mañanas que tengo. O igual es una treta del cliente contrario para que no aparezca hoy por el Juzgado, otro que va de listo. Y mira que le dije a Carmina que no me pasara ni una llamada, pero abrió mi puerta y se echó a llorar. Lleva poco tiempo. Otra no se hubiera atrevido. Mujeres. Ni siquiera me he molestado en consolarla, le dije que era un error y salí para acá echando leches para deshacer el entuerto. Luego llamé a Borja, pero tenía el móvil apagado, como siempre. Se lo habrá dejado a algún amigo de esos que le chupan la sangre. Y es que lleva unos meses que no hay quien le entienda. Bueno, su madre sí, por eso se pasa las horas llorando delante del ventanal del salón prediciendo una desgracia. Que si no me gusta con quién va, que si tiene demasiado dinero o que si no hemos sabido educarle. Y no, es que este hijo mío es tonto. Pero es bueno, joer, tú no le conoces. Puede que yo tampoco. Tendrá tu edad más o menos, pero él no está tan flaco. Ven a alguien con dinero y se agarran como garrapatas, eso es lo que pasa. Y se lo advertí, que no he pagado un buen colegio para esto, que tú tienes sitio en el despacho, pero los hijos ya se sabe, como tú, que menudo te han dejado, menos mal que no puedes verte.


O puede que seas alguno de ellos, sí, por eso os han confundido. Te dejaría su cartera y ahora quieren colgarte una etiqueta y acabar con esto. Pandilla de mamones, estos no me conocen. Ni a Borja, él no puede acabar así, tapado con una sábana y con un frío del carajo.


Sobredosis, han dicho. Como si mi hijo se metiera esas mierdas en un banco del parque. Eso les pasa a otros, a los que no tienen nada y van dando tumbos, no a un chaval que estudia en el Liceo y habla tres idiomas.

Su madre es de otra pasta. Ve las tormentas antes de que lleguen y por eso ahora apenas me habla. Como si el dinero cayera del cielo y no hubiera que meter horas para conseguirlo. Creo que tampoco a ella la conozco. Lo que daría por poder echar atrás y hacerle un poco más de caso. Que vale, que no tendría un cochazo o habría llevado a los niños a un internado, pero a lo mejor era más feliz.


Tú no eres Borja. Y ya te están borrando ese lunar y buscando al dueño de la cartera o
les corro a hostias. Estos no saben lo que es estar en el trullo, pero se van a enterar cuando salga. Unos minutos. Sí, unos minutos ellos si quieren, para velar a sus muertos. Díselo, anda. Abre los ojos y explícales que tienes una vida por delante y que no te vas a quedar en este agujero. Diles que mi hijo tiene un sitio en mi despacho, como mi padre y como tendrán mis nietos. Se acabaron las juergas sin sentido y esa calaña de amigos que se agarran como garrapatas.


Venga, díselo. Tú no eres mi hijo, él tiene un montón de planes. Abre los ojos de una puta vez, joder. No me hagas esto. Nos vamos los dos para casa y que se jodan todos esos medicuchos de bata blanca.


Tú no eres mi hijo, eso solo les pasa a otros, estoy harto de verlo.


Abre los ojos, hazlo por mí. Hablaremos, te lo prometo, pero coño, abre los ojos, Borja.


¿Cómo le digo esto a tu madre?

3 comentarios:

Blogger Mía ha dicho...

Bueno...esto...Me dejó a cuadros...Para ser un ejercicio...Quiero decir que....Uffff joder!!!! FELICIDADES!

8 de marzo de 2010, 22:08  
Blogger Miguel ha dicho...

Hola.
De casualidad he tropezado con tu blog ¿me permites quedarme?

Intenso monólogo.
No es fácil saber transmitir el dolor. Tú lo has conseguido.
Enhorabuena.

Miguel

15 de marzo de 2010, 8:18  
Blogger Loli Pérez ha dicho...

Uff, pedazo de monólogo. Transmites con esa voz en primera persona, cómo es el personaje, y sus sentimientos encontrados.

Felicitaciones
L;)

16 de marzo de 2010, 9:02  

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